Presidenta, Honorable Ministra May Chomali,
Honorables Ministros y Jefes de Delegación,
Director Regional, Dr. Jarbas Barbosa,
Estimados colegas y amigos:
Lamento no poder estar con ustedes en persona, como era mi deseo para mi última sesión del Comité Regional como Director General.
Tenía previsto desplazarme a Washington tras la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, que tuvo lugar la semana pasada, pero los arreglos adoptados para la sesión de este año del Comité Regional y del Consejo Directivo de la OPS han hecho que me resulte inviable.
Quiero dar las gracias al Director Regional por su informe, que muestra que, pese a los muchos desafíos que afrontan, existen numerosas razones para la esperanza.
La preparación y respuesta frente a emergencias sanitarias se ha robustecido en toda la región, con un refuerzo de la vigilancia, la mejora de la capacidad de laboratorio y la ampliación de los equipos médicos de emergencia.
Las Américas también han seguido avanzando en la eliminación de enfermedades.
Permítanme felicitar a las Bahamas y al Brasil por haber eliminado la transmisión maternofilial del VIH;
A Turcas y Caicos por haberse convertido en el primer territorio de la Región en eliminar la transmisión maternofilial tanto del VIH como de la hepatitis B;
A Chile por ser el primer país de las Américas que elimina la lepra;
Y a El Salvador por haber eliminado el tracoma como problema de salud pública.
También me complace ver que los indicadores relativos a la cobertura vacunal siguen recuperándose;
Y la Región ha demostrado igualmente su liderazgo en la lucha contra las enfermedades no transmisibles.
En solo un año, el número de pacientes que recibieron tratamiento por enfermedades cardiovasculares a través de la iniciativa HEARTS aumentó un 21 %;
Y la salud mental ha vuelto a llamar la atención política.
Acojo con satisfacción la iniciativa regional de la OPS para la prevención del suicidio, así como los esfuerzos para integrar los servicios de salud mental en la atención primaria de salud en 22 países y territorios.
Son motivo de especial esperanza los avances en la reducción de la mortalidad materna: 10 de los 12 países prioritarios llevan registrando reducciones en este índice desde 2022.
Las Américas también están demostrando su liderazgo a escala mundial en la esfera de la salud digital.
Costa Rica y El Salvador se convirtieron en los primeros países del mundo en expedir certificados digitales de vacunación contra la fiebre amarilla que se ajustan a las normas internacionales.
La Región, además, continúa mostrando el camino en términos de innovación y producción.
Los acuerdos de transferencia de tecnología están fortaleciendo la fabricación regional de vacunas contra la gripe estacional y la gripe pandémica.
Y los Fondos Rotatorios Regionales siguen siendo uno de los ejemplos más exitosos a escala mundial de solidaridad en la práctica, y promueven un mayor acceso y precios más bajos.
Quiero felicitar a todos los Estados Miembros y al personal por estos logros.
Reflejan el liderazgo político, el compromiso de los trabajadores de la salud y de las comunidades y el valor duradero de la cooperación regional.
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Al mismo tiempo, sabemos que la Región afronta importantes desafíos.
Las enfermedades no transmisibles siguen cobrándose millones de vidas cada año.
Los brotes de sarampión y de fiebre amarilla han puesto de manifiesto deficiencias persistentes en cuanto a la inmunidad.
La Región ya no se considera región libre de transmisión endémica del sarampión, y la cobertura vacunal está muy por debajo del nivel necesario para prevenir brotes.
Los desastres relacionados con el clima son cada vez más frecuentes y graves.
Se estima que los trastornos mentales afectan a unos 160 millones de personas en la Región.
El envejecimiento de la población se está acelerando, mientras que las inequidades en el acceso a los servicios de salud siguen siendo demasiado grandes, tanto entre los países como dentro de ellos.
La reunión se produce, asimismo, con los cambios profundos en la financiación de la salud mundial como telón de fondo.
Muchos países han experimentado reducciones repentinas en la ayuda externa.
Los programas están sometidos a presión y los sistemas de salud se han visto obligados a adaptarse rápidamente.
Y, como saben, el año pasado fue también un año de cambios para la OMS.
Aunque los recortes de financiación que sufrimos fueron traumáticos, ya habíamos previsto la situación y nos habíamos preparado para ella.
Cuando comenzamos la Transformación de la OMS en 2017, determinamos que uno de los riesgos principales era la dependencia respecto de un pequeño número de donantes.
Propusimos un plan, aprobado por los Estados Miembros en 2022, para aumentar las contribuciones señaladas, a fin de que pasaran del 20 % al 50 % del presupuesto básico.
El primer incremento se produjo en 2023, el segundo en 2025, y están previstos tres más, en 2027, 2029 y 2031.
También ampliamos nuestra base de donantes a través de nuestra primera ronda de inversiones y la WHO Foundation.
Estas medidas ayudaron a mitigar el impacto sufrido el año pasado, aunque no pudieron aislarnos completamente.
Ya hemos culminado el proceso de establecimiento de prioridades y reajuste.
Nos hemos estabilizado, y seguimos adelante como una organización más ágil, más enfocada, más independiente y mejor equipada para prestar servicio a los Estados Miembros.
Según muchos criterios, la OMS nunca ha disfrutado de una posición tan fuerte.
Nuestras reservas duplican el monto de hace nueve años;
Nuestro presupuesto básico ha aumentado en un 23 %;
Y ya hemos movilizado el 95 % de los recursos necesarios para el bienio actual.
Por supuesto, persisten los desafíos.
La mayoría de las contribuciones voluntarias siguen destinándose a fines específicos, lo que provoca que continúe habiendo bolsas de pobreza en algunas esferas de nuestra labor.
Al mismo tiempo, la OMS no es sino un componente de la arquitectura mundial de la salud en sentido más amplio.
Las sacudidas financieras del último año pusieron de relieve unas debilidades que afectan a esa arquitectura y que ya no podemos pasar por alto.
En la Asamblea de la Salud de mayo, los Estados Miembros encargaron a la Secretaría que organizara un proceso conjunto de reforma centrado en los países, inclusivo y transparente.
Se ha establecido un Grupo de Trabajo que presentará su informe más adelante este año.
La OMS aborda esta tarea con humildad, como entidad encargada de reunir a pares.
Nuestra función consiste en escuchar y apoyar a los Estados Miembros para que conciban un sistema más eficaz, más coherente, más responsable y más receptivo a las prioridades de los países.
Entretanto, seguimos avanzando en la tarea de apoyar a todos los países para promover, procurar y proteger la salud, de conformidad con lo dispuesto en el 14.º Programa General de Trabajo.
Por ejemplo, en la República Democrática del Congo, la OMS es la organización con la mayor presencia sobre el terreno y apoya al Gobierno en la respuesta a la epidemia de ébola, en estrecha colaboración con los CDC de África, velando al mismo tiempo por una respuesta coordinada.
Asimismo, a principios de este año la OMS desempeñó un papel clave en la tarea de poner freno al brote de hantavirus a bordo del buque de crucero MV Hondius, en colaboración con múltiples países y asociados, según lo dispuesto en el Reglamento Sanitario Internacional.
Quiero dar las gracias a la Argentina y a Chile por su apoyo en la investigación epidemiológica y por haber donado material de referencia a laboratorios de 15 países.
Los brotes de ébola y de hantavirus destacan el riesgo constante que suponen las epidemias y las pandemias para todos los países, independientemente del nivel de ingresos.
Por eso es tan importante el Acuerdo de la OMS sobre Pandemias, y por eso concluir el Anexo PABS no puede esperar: porque la próxima pandemia no esperará.
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Señora Presidenta, excelencias, estimados colegas y amigos,
Permítanme concluir formulando cinco peticiones.
En primer lugar, pido a todos los Estados Miembros que concluyan las negociaciones sobre el Anexo PABS, de modo que pueda abrirse el Acuerdo sobre Pandemias a la firma, pueda iniciarse el proceso de ratificación y pueda entrar en vigor este instrumento como ley internacional.
En segundo lugar, les pido que aprueben el nuevo aumento de las contribuciones señaladas en la Asamblea de la Salud del próximo año.
Los dos primeros aumentos ayudaron a que la OMS fuera más resiliente e independiente. Debemos continuar por esa senda.
En tercer lugar, les pido que participen activamente en la reforma de la arquitectura mundial de la salud y que diseñen un sistema que funcione para sus países.
En cuarto lugar, les pido que sigan invirtiendo en unos sistemas sólidos de atención primaria de la salud como base para la cobertura universal de salud y la seguridad sanitaria.
Y, en quinto lugar, les pido que tomen la Transformación de la OMS como punto de partida para seguir forjando una Organización centrada en su mandato básico y en lograr resultados allá donde más importan: en sus propios países.
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Como he señalado anteriormente, los arreglos para las reuniones de este año del Consejo Directivo y el Comité Regional de la OPS me han impedido estar con ustedes en Washington, como era mi deseo.
Espero que, en el futuro, podamos volver a la práctica habitual durante decenios, a saber, la celebración simultánea de ambas reuniones.
Esta práctica ha sido un poderoso recordatorio de la estrecha y productiva relación entre la OPS y la OMS, enunciada en la Constitución de la OMS hace 80 años.
Por supuesto, me preocupa que los arreglos de este año puedan interpretarse como que se pone en duda la relación sólida y productiva entre la OPS y la OMS prevista en la Constitución de la OMS.
Con todo, acojo con satisfacción los comentarios formulados por la Presidenta en el sentido de que las disposiciones de este año no comprometen en absoluto esa relación constitucional, ni el consenso alcanzado en la Asamblea de la Salud de este año respecto de las notificaciones de retirada que dos Estados Miembros de las Américas presentaron.
De hecho, los países de la Región desempeñaron un papel importante y constructivo a la hora de llegar a ese consenso, y quiero dar las gracias en particular a mi amigo, el Dr. Victor, de la República Dominicana, y a todos ustedes por ese buen resultado.
Nada de lo que hagamos aquí debería interpretarse en el sentido de que tiene consecuencias sobre esa decisión.
Sigo creyendo que la OMS, y la salud mundial, son más fuertes cuando todas las naciones se sientan a la mesa y trabajan de consuno para alcanzar el más alto nivel posible de salud para todas las personas.
Juntos, debemos elegir la unidad en lugar de la división. La unidad y la solidaridad son nuestra mejor inmunidad.
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Como saben, esta es mi última sesión del Comité Regional como Director General antes de que concluya mi mandato en agosto del próximo año.
Cuando tomé la palabra por primera vez ante este Comité en 2017, dije que los resultados no se producen en Ginebra ni en las oficinas regionales. Ocurren en los países, en primera línea.
Nueve años después, sigo convencido de que el futuro de la salud mundial depende de que los países lideren sus propias agendas de salud y trabajen juntos, de manera solidaria.
Las Américas han demostrado una y otra vez este espíritu.
Todos ustedes han demostrado liderazgo en lo que respecta a la eliminación de enfermedades, la salud digital, la producción local, la atención primaria de salud y la equidad en la salud.
Han ayudado a dar forma a decisiones importantes para la OMS y la salud mundial.
Y, en momentos difíciles, han demostrado que el consenso sigue siendo posible.
Quiero dar las gracias a todos los Estados Miembros, así como a todos los colegas de las oficinas regionales y las oficinas en los países, por el apoyo que me han prestado durante los últimos nueve años.
Recibí un gran apoyo y les estoy muy agradecido.
Trabajar para ustedes como Director General ha sido el mayor honor de mi vida.
Confío en que seguiré contando con su apoyo durante el próximo año y les deseo muchos éxitos, a todos ustedes.
Muchas gracias.